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La Eterna Enamorada

Enamorada, me mira; sin incomodarme, me mira. Desde las tinieblas me llama y apenas distingo su silueta a lo lejos. Susurra con una calma imposible, su voz nunca empuja, nunca grita. Promete un lugar donde los días desisten de su peso; "Ven conmigo, olvídate del dolor." No enloquece, no aturde, solo espera. Entre la vida cotidiana pienso que la pierdo... Eso creo, pero vuelve a aparecer en cada esquina, con la misma paciencia, distinguida, con la misma sonrisa que jamás envejece. Fácilmente me convence, me atrae. ¿Qué habrá entre sus brazos? ¿Un invierno sin frío?¿Un hogar sin ruido? "Despojate de las penas y ven conmigo." Pareciera repetir mientras la miro. Nadie había insistido tanto en darme abrigo... "En la espera vas a tener que buscarme." Le respondo casi en murmullo, con miedo a que me rechace. Pero me sonríe, otra vez. Cómo si conociera de memoria cada uno de mis regresos. Habrá tiempo para nuestro amor, espero que más tarde que pronto... Prefiero ...

Codicia

Mirando aquello que ya está siendo mirado, aspira deseo como quien aspira oxígeno. No le interesa el aire si no fue antes respirado por otro. No desea: codicia ; porque desear es mirar hacia dentro,  pero lo otro depende de lo ajeno. Hay quienes se enamoran de alguien y hay otros que se enamoran del brillo que ese alguien provoca  en los ojos de un tercero. Esos son los que acechan el deseo ajeno, como si fuera un territorio por conquistar. No buscan amor, buscan victoria . Y cuando consiguen aquello que persiguen, descubren algo curioso: no lo querían realmente... Sino al incendio que ardía en la mirada de alguien más. Pero fuego robado dura poco... No saben ser la llama y pretenden ser  el combustible que la prende.

Lo poco que escribo

  Quisiera poder dormir y despertarme solo cuando los que me quieren quieran verme bien. Y volver a dormir, disimular la existencia por días, por meses. Apaciguar el dolor. Hacer cenizas de este pesar en llamas, calmar la tormenta en lo onírico. No deseo la valentía para transitar lo eterno, tampoco enfrentarme a sus consecuencias. ¿Qué sería de mí sin mi cuerpo? Posiblemente nada, poco ya soy. La angustia como savia recorre mis venas, envenena lentamente la esperanza. Podría luchar, cualquiera podría… Cualquiera que no sea dueño de este hastío. Quedan pocas ilusiones, se nota incluso en lo poco que escribo. Quisiera escribir más, pero ya no soy bienvenido en el mundo de las ocurrencias. El abandono pudo contra la dignidad, ya no se como amar ni ser amado. Debería terminar este texto, breve, sin sentido como lo que resta. Quisiera dormir y tal vez no despertar, no es una duda que me enorgullezca. Sin embargo, dudo… más que nunca. Algo me querrá decir la ince...

La Muerte de Superman

  Kal-El, derrotado por el amor humano, se enamoró de una estrella. Tiritaba de manera distinta, para él. Brillaba más que las demás. La miraba todas las noches, después de salvar al mundo. Una de ellas, se lanzó a verla más de cerca... Lo que a un terrícola le tomaría 60 m illones de años, a Kal-El solo le tomaba unas horas. Mientras más se acercaba, su estrella iba perdiendo luz. "Es solo la radiación y el hidrógeno" pensó. En pleno viaje la vio explotar, no pudo seguir avanzando. Obnubilado, frenó para observarla, no podía estar más hermosa que en ese momento. Cerró los ojos para continuar, sus emociones lo distraían de su objetivo. Al abrirlos solo había oscuridad. "¿Pero cómo?¿Me desvíe del camino?" Se preguntó. El espacio interestelar posee magnitudes fuera de la imaginación humana, era una posibilidad... Pero no para él, no era la primera vez que emprendía vuelo lejos del planeta Tierra. Confío en su sentido de orientación, hasta encontrarse con un co...

El fin de semana.

  Esta casa, esta vida que no es mía. El fin de semana ya no es autoría de la esperanza, nada es más divertido y expectante que la soledad... Nada más que habitarla. Un lugar donde garúa fino la melancolía, emerge por todos lados. Y nadie entiende ¿Cómo salgo de ahí? En alguna parte, perdura una pulsión terca que invita a seguir. Los amigos se ríen y brindan por cosas que deben de brindar... Por cosas que van perdiendo el sentido, para mi.

En las Ruinas de Don Patricio...

  En las Ruinas de Don Patricio, donde el viento susurra secretos y la niebla se enreda en los recuerdos, la soledad se alza como un fantasma en sigilo. Murmura entre las piedras, se esconde en los rincones y se refleja en los ojos cansados de quienes vagan por sus calles desoladas. Es un lugar donde el tiempo se detiene y las almas se desgarran. Aquí, la soledad no es un mero estado, sino una compañera constante; como un eco lejano, se repite en cada suspiro, en cada sombra que se desvanece al amanecer. En estas ruinas, donde el silencio es un abrazo frío, las paredes cuentan historias del olvido, los arboles se inclinan como ancianos fatigados y las ramas caídas desnudan sus miedos.   El huésped suele sentarse en sus bancos rotos, descuidados, observando el horizonte sin esperanza. Mientras las aves migratorias pasan de largo, ignorando un lamento desahuciado. En las Ruinas de Don Patricio, las sombras se alargan en la tarde moribunda. Los fantasmas de antaño danzan en...

Mi phármakon.

Versos recuperados del 20-12-2017: Otra madrugada en la que me consumís. Otro domingo de marzo… todos los días. Sos lo más incomprensible y lo más lindo. Y, ¿hasta cuándo? Me pregunto, Si tengo miedo de no encontrar tus labios, si no llego a reflejar luz en tus ojos, si no pertenezco a tu memoria, si das tres pasos y no te alcanzo, si ni siquiera sé porque vos. ¿Por qué no quiero que sea otra? Me desespera… me agiganta, me quitas todo y me das esperanza, me alivias, me curas y me matas… (¡Mi phármakon!) No lo entiendo, pero no es la cuestión; no importan las preguntas, que siguen sin responderse, no importan las veces que tenga que buscarte, no importa la cobardía, ni los obstáculos, ni lo que la gente tenga para decir. Solo quiero encontrarte, que me quieras, sin importar el tiempo que nos lleve, si me queres para hoy, para mañana, solo para un rato… o para toda la vida.   Quiero correr el riesgo, de quererte ante todo… Y cometer...

Para nadie en particular.

Texto recuperado del 18-12-2018. Tanto tiempo sin verte, o de pensarte, sería lo mismo. Quizá por eso el impulso de escribirte, aunque no me leas… la duda viajera, sin piedad, atacó mis días desde que en mis oídos retumbó eso de los amores cobardes, de los que habla Silvio Rodríguez en “Óleo de una mujer con sombrero.” Ya me conoces y sigo siendo tan terco como antes, me resisto a la idea de haber sido una historia más, quedarnos con tanto por contar y tantas veces salvados por los recuerdos. Fueron meses difíciles, debo confesar que algunas noches dejé las luces encendidas y dejé todas las puertas abiertas… Esperándote, pero jamás llegaste. Hoy sentí que mi orgullo comenzó a recuperarse y puedo dejarte ir, por el bien de los dos. Seguramente me tomará más tiempo dejar de extrañarte y quererte como te quiero, pero entiendo que lo puedo hacer desde otro lugar. Y si de casualidad llegas a leer esto, me gustaría que sepas que, a pesar de mis errores, di lo mejor que pude dar… que no te ec...

No te dije que te quiero tantas veces como quise.

Esta casa vacía, de silencio abrumador, esta espina con sabor a miel, esta ausencia tuya encarnada en la piel, estas valijas con recuerdos del amor, estos cheques vencidos al portador, este corazón enjaulado en barrotes de níquel… Estas cenizas húmedas del ayer.   Te hecho de menos, como ves. Te hecho de menos y nunca vuelves. Y se desdibujan nuestros sueños, ahora que ya no existe un después. Solo queda este abril terco, que desea insistir con tanta fe.   No falta mucho para desprender nuestro último abrazo de mi cuerpo; solo me gustaría entender la necesidad de la distancia, de este insoportable invierno, la verdadera causa de este incendio.   Mientras aprendía a burlar cerrojos y a intentar ver desde los ojos, no me pude olvidar de lo que fuimos; ¿Quién pudiera, en su sano juicio,  olvidar tantos besos clandestinos? ¿Y borrar las fotos que resisten tanto tiempo al olvido?   Todo esto, para decirte… que no te dije que te quiero tantas veces como quise hacerlo...

Una canción de odio sinsentido.

Me quitaste el silencio, me robaste la esperanza; tengo a mi corazón inquieto  esperando el camión de mudanza. En algún futuro incierto te seguirán jodiendo mis andanzas; y en el templo de San Pietro A tus dioses... mis alabanzas. Me gané el respeto de los internautas, me agradecieron los desahuciados; caminamos juntos la misma ruta y han llorado conmigo, los desquiciados. Formaron nuestras lágrimas las grutas, donde descansan nuestros pecados. El odio insiste con darnos de su fruta, Para luego dejarnos abandonados. Ya lo sé, te vi… vagando por la oscuridad; porque allí nos sentimos cómodos, porque nos reconocemos en su agresividad, porque así nos escapamos de todo. Por favor, no me odies con tanta liviandad, ni me pidas que me lance de lleno al lodo. Parte mis sueños, destrúyelos sin piedad... Que si te tengo en frente, lo haría sin dudar. Y me despido, de esta canción sin sentido; que solo la escribo porque no estás. Desearía hoy jamás haberte conocido. Así sonarían de sol a sol ...

Los cafés deberían abrir de madrugada en cada rincón del universo.

 Martes 3:15am, no puedo dormir y no hay ni un café abierto en la ciudad. Debería haber una ley que los obligue a abrir durante la madrugada. ¡Bah! Quizá estoy siendo un poco extremo… Pero cuantas personas estaríamos agraciadas si eso sucede. Imagino nada más; las almas que sin dirigirse ni una palabra, miran a un costado y se sienten acompañadas en horas donde todos somos vulnerables. En una mesa está un hombre que acaba de ser echado de casa por su esposa e hijos, en otra una mujer pensando en renunciar a su trabajo porque no la hace feliz… o simplemente una persona que necesita escapar del infierno que a veces se aparece entre cuatro paredes. Todos atraviesan cosas distintas, por cosas muy diferentes… pero se miran y saben que ahí están, que no están solos. El mozo los mira y ya sabe que va a pedir cada uno; el de la mesa 6 por ejemplo, aparece solo una vez por semana entre las 2:40-3am, mal peinado y somnoliento… se sienta y pide una lágrima, siempre en la mesa 6 que da a l...

La carta que te escribí antes de despedirme.

Son las 4:25 de la mañana… Y te juro que ya estaba perdiendo la costumbre de extrañarte, pero está pasando de nuevo. Supongo que son los obstáculos que el olvido pone cada tanto en frente para ponernos a prueba. Podría esperar y dejar que todo esto pase, porque va a pasar, pero decidí escribirte esta carta antes de despedirme. Casi dos años pasaron desde que nos conocimos y nunca supe como describir lo nuestro. La primera vez que te vi no sabía ni tu nombre, solo que deseaba que me tocara la caja del supermercado donde estabas atendiendo… A veces, me tentaba con invitarte a salir. Sin embargo, aun teniendo la autoestima por las nubes en esos días, nunca me animé a hacerlo. Vaya a saber uno el porqué, quizá por el miedo a parecerte un ridículo. Mientras gastaba mis energías y mi corazón en otras personas, el tiempo pasaba, hasta que por obra del destino, la vida, los astros, los dioses, las partículas o, simplemente; la casualidad, algo decidió presentarnos y casi como quien no quis...

Vacío.

  Es difícil definir el vacío porque paradójicamente está lleno de sentimientos que se encuentran desconociéndose entre sí, en un sinfín de diálogos que no llevan a ninguna parte. En un momento levantas la mirada y el flash de la gente llena el alrededor, ocupando todo lo que ves… la música, los abrazos, las risas, tu voz… todo se vuelve silencio en un segundo sin preguntas ni, mucho menos, respuestas. Las agujas del reloj intensifican sus latidos y todo se apaga. Solamente sos vos, cayendo de un precipicio de recuerdos, donde un corazón de piedra te espera para darte el golpe final… Pero no llega. Agonía, silencio, oscuridad; intercalan posiciones con la multitud y el ruido. Alejándote cada vez mas de los abrazos, de los besos, de alguien que te quiere de verdad. No podes ver, estás ciego… Y los vicios acechan, hasta ser la única opción. Abrís una ventana y volves a caer, quizá esta vez no haya revancha, aunque lo intentes… Ya el vacío se robó todo el oxígeno; y las esperanza...

Ahora que… En agradecimiento a Joaquín. Consecuencia del tiempo III

Ahora que escribo de vez en mes, ahora que estamos más lejos cada vez, ahora que ya no te busco, en algún rincón minúsculo de los bares de hoy. Ahora que me emborracho y no te encuentro, ahora que las despedidas son puertas abiertas de Alcalá, ahora que las canciones ya no nos hablan, y que los diarios solo imprimen ojalás. Ahora que los domingos caigo menos, ahora, que tus besos no envenenan, y mi piel ya no se deja estremecer de arrebato. Ahora que mi memoria me pierde fácilmente, ahora que “no mato por celos, ni mueres por mi.” Ahora que las noches no pesan y el verano no cesa, en el planeta del siempre quizás. Ahora que los somníferos no llenan el tarro, que hay olas por surfear; y que los cielos achican su distancia con el mar. Ahora que te beso y me despido, ahora que me desnudas y te vas. Ahora que puedo mirarte a los ojos y decirte, que te quiero, sin intereses por cobrar. Ahora que me desacostumbro de las buenas costumbres. Ahora, que la falta nos regala de sobra, ahora que l...

Absoluto silencio. Consecuencia del tiempo II

A veces te pienso y no duele. A veces te extraño y todo es silencio. A veces te miro y sigo, a veces te observo y todo es silencio. A veces sobrevuelo recuerdos, a veces me entierro en ellos... Y todo es silencio. Algunos lunes me puedo sostener, otros no aguanto más... Y todo es silencio. Las lunas de diciembre traen caos, y aun así... todo es silencio. Algunas veces cierro los ojos, otras descanso mientras puedo. No puedo escapar del silencio. Todo se resume en una pausa... La mañana se destiñe, se quedó sin fuerza; la esperanza y los miedos, comparten lo gris, otra vez. No te olvido y no quiero volverte a ver. Y pasa el domingo arrasando con todo. Dejando solamente... un absoluto silencio.

Tarde… como siempre. Consecuencia del tiempo I

Llegué tarde, como siempre… Y solo miro al espejo, cómo si pudiera ver a alguien. Ya no hay lugar para el café en la mañana y los abrazos pendientes tendrán que llenarse de polvo, una vez más.   Tan solo si hubiera tenido un poco más de coraje, quizá el destino hubiera estrechado mi mano... pero mi fama de cobarde no descansa. Volví y ya no estabas. Mis labios seguirán siendo del vino, mientras me confundo con alguien más.

El mar y sus devenires.

  Observaba la violencia del mar como si fuera algo ajeno… admiraba todos sus devenires, sus matices, su caos… Todas aquellas cosas que la tímida sabiduría, las noches y sus etcéteras no me enseñaron que también eran mías.   Admiraba todo lo superficial del mar, pero odiaba a las gaviotas que venían a llevarse lo negado, lo oculto, lo que no podía ver desde mis huellas… Hoy, ese recuerdo forma parte del camino, el océano hace retornar a los cuerpos, las aves se vuelven refugio y los domingos dejan, por fin, de doler tanto.

«El hombre barro» Microcuento #1

Y entonces, el hombre barro emprendió viaje a pie bajo la lluvia...  Lentamente fue dejando huellas en su camino. 1 año lloviendo sobre mojado y sin mirar atrás. hasta que la encontró...  y se desvaneció en sus brazos.

El día que planté memoria. Julio del 78 (Basado en un relato verídico)

  En el 78 me encontraba prestando servicio militar obligatorio en el regimiento Monte 29 de la provincia de Formosa, era muy joven y como ni siquiera tuve la posibilidad de terminar la secundaria, no entendía mucho lo que estaba sucediendo en el país. Yo solo sabía que no me caía muy bien la izquierda de aquellos tiempos… durante mi estadía en la fuerza me formaron para que ese sentimiento se agrande y se fortalezca, extendiendo mi odio hacia todo aquel que intentara ir en contra del Proceso de Reorganización Nacional, ese era el deber que nos encomendaban. Pero, aun así, en mi corto paso en el servicio solo me encargaban las guardias, tareas de limpieza y alguna que otra vez la custodia de algunos prisioneros. De todos modos, lo que sucedía puertas adentro se sabía… Nos hacían creer que los prisioneros que llegaban eran terroristas que habían intentado asesinar a la familia de algún superior o de algún camarada y realmente creía que lo que se hacía era lo correcto, hasta q...

Una nueva despedida...

Mis labios sangran hoy en la seda, replicando la marca que dejaron sus labios, en lo que el viento consumió por nosotros mientras todo el universo se nos caía encima. En el rubor de sus mejillas anidó el calor que alguna vez sentimos en el roce de nuestra piel intentando huir del invierno. Sin embargo, no hubo ningún “te extraño”, ni un “que bien te ves ¿cómo has estado?”, esa noche sabíamos que después de tanta historia ya no había lugar para los dos. Sin pronósticos de tormenta. Nuestros polos claramente se desgastaron. Las risas nos trasladaron un buen rato en el tiempo haciendo que la tensión del aire nos acerque un poco más... Pero la cordura prevaleció. No existieron besos ni abrazos, ni bálsamos entrelazados al otro día, ese encuentro fortuito nos sirvió para llenar de simbolismos una nueva despedida. La última... quizás.