Codicia
Mirando
aquello que ya está siendo mirado,
aspira deseo como quien aspira oxígeno.
No le interesa el aire si no fue antes respirado por otro.
No desea: codicia.
Porque desear es mirar hacia dentro,
pero codiciar depende de lo ajeno.
Hay quienes
se enamoran de alguien,
y hay otros que se enamoran
del brillo que ese alguien provoca en los ojos de otro.
Esos son
los que acechan el deseo ajeno
como si fuera un territorio por conquistar.
No buscan amor,
buscan victoria.
Y cuando finalmente obtienen aquello que persiguen,
descubren algo curioso:
no era eso realmente lo que querían,
sino el incendio que ardía en la mirada de alguien más.
Pero el fuego robado dura poco,
porque no quieren la llama, sino el motivo que la prende.
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